domingo, 27 de junio de 2010

"EL ESPEJO" DE FERNANDO ANGELL

LAS AGUAS DEL OLVIDO
Por: Juan Víctor Alfaro

Introducción
Muy brevemente vamos a exponer cómo en una obra, olvidada, de la literatura piurana, se conjuga la presencia de dos corrientes características de la narrativa realista en el Perú del siglo XX: la tradicional y la moderna. La obra es El espejo, una novela de Fernando Angell de Lama (Izq.) (Paita, 1926-Lima, 1982). Es éste un autor poco conocido de la literatura regional, aun cuando está ligado –por parentesco– a otro, también importante: el humorista Luis Felipe Angell, Sofocleto. Creemos que es necesario relevar su presencia en el contexto literario de nuestra patria, porque la novela que vamos a tratar lo revela como un autor digno de tenerse en cuenta.

1. ¿Qué entendemos por ‘narrativa realista tradicional’?
Consideramos como narrativa realista tradicional a aquella que, en el siglo XX, no ha roto el “cordón umbilical” con el realismo precedente del siglo XIX, y uno de cuyos más saltantes indicios es el de aferrrarse al relato de una historia real, que no se pone en contradicción con la verdad o veracidad de la realidad.

2. ¿Qué entendemos por ‘narrativa realista moderna’?
Ésta es propia del siglo XX (proyectándose al actual) y se caracteriza porque ya no se limita a la presentación de la realidad tal como es, sino que rompe esa barrera para hurgar en otros de sus múltiples niveles. En otras palabras, se puede decir que no se divorcia de la realidad –y por eso es que la seguimos llamando realista– pero lo hace incorporando –por ejemplo– el mundo del subconsciente, introduciéndose en la realidad mental del ser humano, asumiendo incluso lo maravilloso, lo mágico (incorporados por Alejo Carpentier y García Márquez, entre otros).

3. ¿Cómo se dan esas dos corrientes en la novela propuesta?
En principio, consideremos los elementos fundamentales que conforman a la novela, empezando por los personajes, y, en el caso que nos ocupa, diremos que cada una de las historias en que está estructurada la novela El espejo tiene como protagonistas, en primer lugar, a Mateo Blasco (que es también el personaje principal de la novela total) y en torno a quien se desarrolla la versión moderna (con esa incursión en el subconsciente arriba anotada), y a Marcial Castillo sobre quien recae el peso de la otra vertiente, la tradicional.
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Espacio o escenario
La historia de Mateo Blasco, básicamente, se va a desenvolver en un islote del mar piurano, llamado Santa Eulalia, a la altura del puerto de Paita. Ahí hay un faro. Y nada más. No hay vegetación, todo es roca; ni hay agua potable. Pero también este personaje recordará su pasado transcurrido en el Callao o en un barco de contrabandistas llamado el Squallum.
Por otro lado, la historia de Marcial Castillo va a fluctuar entre Paita y Pimentel, además del bote remolcador llamado Bocachira, del cual el personaje es contramaestre

Historia o Acontecimiento
Es decir, la novela trata de dos historias, las arriba aludidas, que tienen vasos comunicantes, o sea que se van desarrollando paralelamente y, al mismo tiempo, interconectadas. Se nos ocurre que el autor pudo hacer, con cada una de las historias, dos novelas autónomas. Pero prefirió su imbricación. Y ésta es la que motiva el presente trabajo.
En principio, aparece Mateo Blasco de quien se dice que ha sido contratado como farero para ir a trabajar al islote de Santa Eulalia, para reemplazar a Braulio Yarlequé que, por muerte, ha dejado vacante el puesto. Y el –llamémosle así– segundo protagonista, Marcial Castillo, será el encargado de llevar a Mateo Blasco al islote y será además quien lo aprovisione de agua potable y comida.
Marcial Castillo, luego de dejar a Mateo, se va a Pimentel pues tiene que llevar trabajadores a la isla guanera, Lobos de Afuera. Y a partir de entonces se relata su historia: enamorado de Eufemia Balarezo, que por la diferencia de edad podría ser su hija. Ella lo utiliza para sacarle dinero y sigue teniendo relaciones con otro hombre (el comandante Ovalle, de la Marina).
Paralelamente, Mateo Blasco en la soledad de la isla va perdiendo el sentido de la realidad, lo que será agravado por la demora en que incurre Marcial Castillo para llevarle agua, y –al llegar con su visita tardía– lo encuentra delirando. Luego de atenderlo y dejarlo más o menos recuperado, le sugiere traerle una mujer a quien Marcial Castillo conoce para que lo acompañe. Al irse Marcial, Mateo Blasco destapará un arcón de madera que había en el faro, y el que –desde el comienzo– don Marcial le había dicho que contenía un espejo. A partir de entonces la locura de Mateo se irá mezclando con la realidad, logrando esa atmósfera irreal, pero verosímil –por el condimento de la locura, magistralmente suministrado– que da a esta historia, y a la novela misma, su importancia decisiva.
La otra historia va desenhebrando su intriga, poniendo de relieve la vejez del protagonista, casi haciendo un paralelo con la vejez del bote remolcador. Y en otro viaje de rutina que realiza a la isla lo hace llevando a Irene, la mujer –que, por la pobreza, se ve obligada a prostituirse en Paita– y que ha accedido en ir a hacerle compañía a Mateo.
El desenlace de las dos historias, es que tanto Marcial Castillo descubre el engaño de que ha sido víctima y decide hundirse con su bote cuando se dirige hacia el islote; mientras que Irene descubre también que Mateo está loco pues habla con una imagen del espejo que él en su locura ha inventado, con el mismo nombre de Irene, desde antes que la de carne y hueso llegara. Y es la imagen ficticia –el subconsciente alienado de Mateo– la que lo induce a tratar mal a la Irene real; ésta, al descubrir, ese conflicto rompe el espejo y sale corriendo hacia la noche al ver que Mateo la acusa de asesina, de haber matado a la Irene del espejo (y se arroja sobre el espejo pulverizado, desangrándose él mismo, pero creyendo que esa es la sangre de su ficción). Finalmente, recupera el juicio y sale también a la noche a llamar a la Irene real.
Uno de los tripulantes del Bocachira logra salvarse del naufragio y avisa a las autoridades, que al acercarse al islote en la madrugada divisan a lo lejos el faro apagado, y al llegar a él no encuentran a nadie. Vuelven a salir, y en el borde de un acantilado encuentran “un lamparín apagado, como símbolo de una búsqueda infructuosa”.

Conclusión
Esta novela de Fernando Angell, confirma la proverbial riqueza de la narrativa piurana, que le ha dado al Perú nombres tan importantes como los de Francisco Vegas Seminario, Enrique López Albújar, Jorge Moscol Urbina, Miguel Gutiérrez Correa, Cronwell Jara Jiménez, Víctor Borrero Vargas y tantos otros jóvenes narradores. Creemos que esa frondosidad del bosque, en cierta forma, ha impedido ver el árbol. Y es por eso que la novela El espejo, de Fernando Angell, se ha visto rezagada. Ojala que esta incisión, sirva para rescatarla del olvido.

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